2015 — VERKAMI: 5 años haciendo historia del crowdfunding
×

La culpa fue del océano (El largo camino hasta 1976. Parte 2 de 2)

En 2012 sucedió algo que cambió en parte mi vida y, por extensión, mi trayectoria musical. Aquel verano María decidió marcharse como profesora visitante a Estados Unidos y eso abría un inevitable paréntesis en Moonflower. Después de casi 20 años tocando más o menos de manera ininterrumpida me asomé a un pequeño abismo al no tener ninguna banda o proyecto al que agarrarme. Y encima me quedaba sin mi bajista favorita… aunque he de decir que María siempre fue un poco reticente a ser la bajista en mi banda.

Ante la nueva tesitura y ya con María en Delaware, comencé a reclutar a mi pequeño ejército de salvación. En pocas semanas lié a varios amigos para poner en marcha de una vez por todas otro grupo con mis canciones. Convencí a Thomas Mantovani, nuestro imprescindible y maravilloso batería en Moonflower; para el bajo camelé al fabuloso Txema Mendizabal, siempre dispuesto a ayudar con su talento (y que ahora está a punto de sacar discazo); y Txema a su vez enganchó a Quique Estevan, cantante y guitarrista con el que compartía el proyecto de Perdido, para encargarse de la guitarra solista.

En pocas semanas comenzamos a ensayar bastantes canciones juntos. Hubo muy buen rollo, y las canciones ya cogían el cuerpo necesario, pero al final la cosa tampoco cuajó y antes de final de año tiramos la toalla. Además ya comenzaba a tener la cabecita en USA; de hecho a final de año viajé por primera vez a Delaware.

Y entonces volvió a suceder algo. A principios de 2013, a la ilustradora Laura Lledó (a propuesta de mi amiga, Ana Ruiz, supongo), se le ocurrió que podía tocar en la inauguración de su exposición en La Pinça. Me acojoné tanto de pensar que tenía que tocar solo que busqué rápidamente a otro colega para que actuara conmigo. Ese hombre fue Pablo Obiol, Pablito Terrores para los amigos, que fue mucho más inconsciente que yo y aceptó el reto. Creo que hicimos un ensayo juntos y nos fuimos a tocar. Aquel día apareció también Txema, al que invitamos a que nos acompaña con los coros.


La mítica actuación en La Pinça, con Txema a la izquierda, servidor y Pablo

El concierto en La Pinça, en Russafa, fue en realidad el inicio de Atlàntic. Meses más tarde (por medio hice otro viaje de tres meses a USA), en una larga noche de cervezas en Calypso, Pablo convenció a Fran Mesado para que tocara el bajo. Fran, otra persona siempre dispuesta a ayudar a los demás, aceptó a pesar de que nunca había tocado un instrumento de tan solo cuatro cuerdas… Y yo me encargué de liar por enésima vez a Thomas.

Persuadirlos con el nombre de la banda fue más difícil. Yo estaba convencido de que la distancia impuesta por la inmensidad del océano Atlántico propició que el grupo se formara, aunque un nombre como Atlàntic es lo menos adecuado del mundo. A parte de que hay cientos de bandas que se llaman igual, encuentras además a todo tipo de empresas con la misma denominación. Encontrarnos en internet es como nadar en la inmensidad del océano. Pero erre que erre, al final se quedó el nombre ante la falta de una alternativa mejor.

Comenzamos a ensayar y ‘voilà’, aquello sonaba y nos gustaba, así que en apenas unos meses teníamos grabado nuestro primer EP. Eso fue a finales de 2013 y debería haber sido el despegue de la banda, pero a principios de 2014 decidí marcharme a vivir a Estados Unidos con María. Decisión vital en lo personal, y rompegrupos en lo musical. Sacamos EP estando yo en USA y apenas lo promocionamos. Así nos fue…

Por cierto en EEUU, tras 20 conciertos en acústico, hicimos una pequeña gira en eléctrico con Moonflower, y se vinieron Thomas, Fran (que se hizo bajista sin querer), mi hermano Carlos y nuestra amiga Tània. De lo mejor de nuestras vidas...

De regreso a casa
Que regresáramos a Valencia no se tradujo en una reactivación inmediata de Atlàntic. De hecho nos pusimos a grabar el segundo álbum de Moonflower, Round Trip, en el que incorporamos a Fran como bajista. Y durante la primera mitad del año 2015 estuvimos de gira por media España con el disco, así que para creer en Atlàntic como proyecto se necesitaba paciencia infinita...

Por fin nos plantamos en 2016; dos años después de sacar el primer EP decidimos que era el momento de publicar el disco. Las dificultades continuaban, en este caso porque Pablo tuvo que dejar la banda y centrarse en su proyecto principal, Delocksley (también van a grabar pronto). La verdad es que lo pasamos realmente bien con Pablo tocando con nosotros; creo que no conozco a una persona más ingeniosa que él.

Nos tuvimos que reorganizar y acordamos que lo mejor era que María se reincorporara a la banda y asumiera el bajo, mientras Fran tenía que aprenderse ahora todas las guitarras… Fue una decisión práctica, somos los mismos componentes que Moonflower (aunque con roles diferentes) y nos es más fácil ensayar y coordinar así las tareas de ambas bandas.

En unos meses teníamos listo el disco y nos dio tiempo a componer y arreglar algún tema más. En principio había 13 canciones para grabar, pero junto a Carlos Soler, nuestro productor, descartamos un par de canciones. El proceso en el estudio ha sido largo, más que en otras ocasiones, entre otras cosas porque tuve la voz fastidiada un tiempo. Pero el resultado final ha valido la pena.

Gracias a todos los músicos que me habéis acompañado en esta aventura. De todos he aprendido mucho, muchísimo y agradezco infinito la enorme paciencia que han tenido conmigo (hay que tenerla para no partirme la cara a veces). Gracias a Thomas por acompañarme sin pensarlo, a Fran por adaptarse a todo lo que le he pedido y a María porque juntos empezamos esto hace unos años y juntos hemos alcanzado la meta: 1976. ¡Somos una familia estupenda!

0 comentarios en esta entrada
  • No hay comentarios
Añade un comentario