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3 entradas en el blog El día de Dragonera
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NUEVO FRAGMENTO

Para que tengáis mejor idea de lo que os espera en «El día de Dragonera» os dejo aquí un pequeño frafmento del capítulo dos. Recordad que el capítulo uno completo lo podési leer en el blog

(...)

El preboste nos condujo hasta una celda aislada, donde se encontraba tirado en el suelo el cadáver de uno de los monjes, con el hábito manchado de sangre. Aparte de los guardias de librea amarilla, un hombre vestido con una larga capa pluvial y un solideo blanco sobre su cabeza aguardaba con las manos cruzadas delante del cuerpo y entonaba plegarias mirando al suelo. La puerta, al igual que la pared en la que se encontraba empotrada, era una simple reja de hierro que impedía cualquier intimidad en el habitáculo donde, aparte de un simple camastro, no había más que un pequeño arcón y un espejo vertical roto, apoyado contra la pared.
—Se llamaba Marlais —informó Donnery—. Ha sido asesinado en su celda esta noche.
—El hermano Marlais era uno de los hombres más píos de nuestra congregación —añadió el hombre de la capa pluvial.
—¿Vos sois…? —preguntó Silvana.
—Mi nombre es Gorman; soy el sumo sacerdote de Ventaro en Dragonera. Veo que no frecuentáis mucho el templo.
—Teniendo en cuenta el motivo que me ha traído hoy hasta aquí —dijo Silvana dando un rodeo alrededor del hermano Marlais—, es mejor para vos que así sea. ¿La puerta estaba abierta?
—Estaba cerrada —contestó Gorman—, pero no pechada.
—¿Y acostumbra a estar pechada?
—Algunos hermanos la pechan, otros no.
—¿Y el hermano Marlais?
—Era muy confiado.
—Ya. —Silvana echó un vistazo minucioso alrededor—. ¿Qué tiene de especial esta celda?
—Todas las celdas son iguales —respondió Gorman.
Yo no conocía demasiado a la muchacha semielfa para la que ahora trabajaba, pero creí leer en su mirada que no le daba mucho crédito a las últimas palabras del sumo sacerdote. Sin embargo, en lugar de atosigar al clérigo, se agachó junto al cadáver y lo inspeccionó, atreviéndose incluso a levantar su hábito por encima de las huesudas rodillas del hermano Marlais.
—Por Ventaro —protestó Gorman apartando la mirada—. ¿Esto es necesario?
—¿Silvana? —preguntó el preboste.
—Por favor, capitán Donnery. ¿Hago yo algo innecesario alguna vez? —dijo Silvana con suficiencia.
—¿Y para qué es necesario desvestir a un hombre santo? —inquirió el sumo sacerdote.
—Capitán, ya que este hombre se empeña en no permanecer callado —dijo Silvana—, puede que deba resolver él este misterio.
—Es el sumo sacerdote de Ventaro —indicó el capitán preboste—, y quien mejor puede responder a todas nuestras cuestiones.
—Pues he aquí la primera cuestión —dijo entonces la semielfa—: ¿por qué el hermano Marlais no estaba durmiendo anoche?

(...)

Recordad que también visitar el blog de Los Archivos de Silvana Hesteren

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