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La fuerza de las raices, el cine documental de David Segarra

on January 27, 2021 in Verkami Stories

Explica el periodista valenciano David Segarra que ya de pequeñito, con 5 o 6 años, ya leía periódicos. Fue, pero, de adolescente y jovencillo, que asegura que se percató de que no le gustaba nada el enfoque que hacía de la actualidad ningún medio: ni escrito, ni radiofónico, ni televisivo. "Con varios compañeros llegamos a la conclusión que no podíamos estar quejándonos eternamente de lo que no nos gustaba: teníamos que pasar a la acción y hacerlo nosotros. Desde entonces me he dedicado al periodismo independiente". Toda una trayectoria profesional para descubrirnos la cara de las historias que nadie más nos quiere enseñar. Per molt que bufe el vent, documental que muestra la lucha de varios colectivos para salvar la huerta valenciana, es su segundo proyecto en Verkami.

Texto: Oriol Rodríguez

Vaya, que elegiste el camino más difícil para volver a casa.

Lo que he hecho ha sido no quejarme de los medios de comunicación sino crear mis propios medios: escribir libros, participar en diarios independientes... Sí, no es el camino más fácil. Es un trabajo de cazador-recolector: cada día que me levanto no solo tengo que buscar historias, sino que tengo que buscar como producirlas y comunicarlas y donde publicarlas. Una forma de vida un poco salvaje, una vida llena de peligros e inseguridades, pero también una vida libre, llena de aprendizaje y satisfacciones.

Estamos en una sociedad en la que los espíritus libres, y más en según qué ámbitos, y desgraciadamente el periodismo, que tendría que ser totalmente libre, es uno de ellos, no están mucho muy vistos.

Han existido ciertos peligros, incluso físicos, durante todos estos años de profesión. Pero desgraciadamente, no es un hecho local sino mundial. Pasa en el País Valenciào y en América del Sur. En Catalunya, en Asia, en Europa. El periodismo independiente tiene unos riesgos, porque lo que hace es, voluntaria o involuntariamente, consciente o inconscientemente, enfrentarse a grandes poderes. Y estos, a veces, tienen unas formas de actuar un poco agresivas.

La tuya es una manera de entender el periodismo desde el compromiso irrenunciable con unos ideales: justicia, solidaridad, comunidad...

El concepto "periodismo independiente" es engañoso. El ser humano es por naturaleza dependiente e interdependiente. Dependemos los unos de los otros. Lo que tendríamos que poder hacer es elegir de quién queremos depender. A lo largo de este camino de periodismo independiente, lo que siempre he querido e intentado ha sido aliarme y comprometerme con las mayorías: las mayorías sociales, las mayorías que trabajan ante las élites económicas y políticas que dominan todos los ámbitos de nuestra sociedad, incluidos los medios de comunicación. Yo, ahora en mi casa, no tengo televisión, por ejemplo.

"Los sistemas políticos van y vienen pero la cultura de la tierra perdura para siempre"

Y eso que, principalmente, actualmente te dedicas al periodismo audiovisual.

Hace diez años que no tengo televisor: cuando veo lo que nos quieren vender, me hace daño. Encender la televisión es una agresión. A pesar de que no puedo negar que uno de mis pequeños placeres cotidianos es leer el diario cada mañana haciendo un cafecillo. Aunque no esté de acuerdo con casi nada de lo que dicen, es un lujo que me permito y que se puede permitir todo el mundo. Pero vaya, tampoco creo en las fronteras: redactar artículos, hacer fotografías, escribir libros, rodar documentales... es todo el mismo trabajo, explicar historias, a través de diferentes canales. Lo que nos define como seres humanos es que estamos hechos de historias, nos gusta explicarlas y aprendemos de estas historias.

Y para saber lo que es verdad tenemos que saber lo que es mentira, y para saber lo que es bueno tenemos que saber lo que es malo.

Una parte de la cultura humana es aprender a descifrar. Las historias están hechas de palabras, lenguajes y símbolos, y en sociedades desequilibradas como la actual, los símbolos no dicen la verdad. Y cuando los grandes diarios dicen a en realidad quieren decir b; y si dicen b quieren decir c. Por eso tenemos que aprender a descifrar el lenguaje. La palabra en el siglo XXI no está nada clara. Una palabra que más que palabra es un grito y un ataque. Y por eso se necesita tiempo, que es el que también busca el periodismo independiente: poder ir modelando las historias con perspectiva, reflexión e incluso belleza.

Iban despacio porque tenían prisa.

A veces hay circunstancias que requieren urgencia, pero no podemos basar toda nuestra filosofía de vida en la inmediatez, la rapidez y la urgencia. La vida también reclama estrategia, reflexión y perspectiva. El micromecenazgo, justamente, es una herramienta que favorece a esta mentalidad de vida.

Esto y a dar salida a proyectos que no encuentran el apoyo económico tradicional.

Pero que sí que tienen el apoyo popular. Es lo que ahora se llama crowdfunding, pero que de toda la vida, desde la Edad Mediana hasta los obreros de inicios del siglo XX, se había denominado suscripción popular. El micromecenazgo lo que hace es unas crear alianzas entre el creador y una comunidad que le apoya. Esta es la gran clave para el éxito de todo proyecto, que detrás haya una comunidad que le apoya. Los proyectos que normalmente funcionan es porque había una necesidad previa colectiva.

Por el éxito que habéis tenido, había esta necesidad porque explicarais la historia que desvela el documental Per molt que bufe el vent.

Este es un proyecto que nace por necesidad. El 2018 hicimos Savis de l'horta, un documental sobre la forma y filosofía de vida de los campesinos y labradores de la huerta valenciana. El 2019 se produjo un gran choque social en el pueblo de Alboraia, al lado mismito de València: el gobierno de Madrid decidió, sin consultar ya no a la sociedad sino a ningún estamento valenciano, que había que ampliar la autovía que pasa a su lado, ampliación que afectaba una huerta que es milenaria. Unas obras que implicaban la destrucción de 80.000 metros cuadrados de huerta productiva y varias alquerías, las casas tradicionales, los cortijos, del País Valencià. Lo que hizo estallar esta historia es que, entremedias de tanta destrucción imparable, un grupo de jóvenes aliados con labradores ocuparon el centenario Forn de Barraca, amenazado de demolición, y pararon las máquinas durante varios días.

Foto de Miguel Lorenzo
Foto de Miguel Lorenzo

Y de esta lucha nace vuestro documental.

Para poder continuar con las obras, el Estado tuvo que enviar a grupos de operaciones especiales. Se puso en marcha una operación totalmente desmesurada con el único objetivo de seguir destruyendo la naturaleza, la cultura y el patrimonio histórico de los valencianos. Una operación que además, se produjo el día internacional por la emergencia climática. El día que todo el mundo se estaba manifestando contra el cambio climático y por un planeta más sostenible, las fuerzas policiales estaban atacando a jóvenes defensores de la tierra. Un escándalo que hizo temblar al gobierno valenciano.

Y vosotros estuvisteis ahí grabando desde el primer día.

Sí, pero porque sentíamos que teníamos que estar ahí y captar lo que estaba pasando. Al principio no sabíamos que íbamos a realizar un documental. Teníamos que estar ahí y tomar nota porque se estaba produciendo una gran lucha. Un material al que se ha sumado todo el que nos han cedido, muchos de forma anónima, periodistas de grandes medios que también estuvieron y activistas que participaron de la lucha. Tenemos imágenes de la defensa de la huerta de los últimos 15 años. Un material que no tiene ninguna televisión, porque ellos trabajan a otros niveles. Esta es la fuerza de ser un colectivo: tenemos acceso a un material que ningún gran medio no puede tener. Pero, atención, no pueden pero tampoco quieren. Y si quisieran tampoco podrían, porque la confianza en las relaciones humanas solo se gana con el tiempo. Nosotros hace más de dos décadas que somos amigos con la gente de la huerta. Hemos vivido, andado y sufrido mucho juntos.

"El documental también es una reflexión sobre el valor de una forma de vida colectiva y comunitaria, más reflexiva y pausada"

¿Cómo acaba la historia? O no puedes hacer espòilers.

Claro que sí: la historia acaba que no acaba. Hoy por hoy, la historia de la humanidad no acaba, como tampoco la de la naturaleza. El sistema agrícola de la huerta valenciana tiene más de 1200 años. Ha pasado por la cultura árabe, por la conquista de Jaume I, por la conquista de Felipe V, por la monarquía, por el liberalismo, por la república, por la dictadura, por la democracia, por el capitalismo actual... La huerta valenciana ha pasado y sobrevivido a todos los sistemas conocidos y existentes. Esa es la historia: los sistemas políticos van y vienen pero la cultura de la tierra siempre perdura. Los labradores son la base de todo sistema social, porque son los que alimentan a ricos y pobres, blancos y negros, ladrones y policías, enfermeros y enfermos. El caso de València, además, es único en Europa porque es la única gran ciudad rodeada de una huerta milenaria, lo que la hace casi autosuficiente. Desgraciadamente, las últimas décadas, los estamentos de poder han determinado que se tenía que priorizar las ciudades y la industria antes que la naturaleza, el campo y los pueblos. Un consenso transversal para acabar con la ruralidad que se ha dado desde el bloque soviético al capitalista.

El documental también va de esto.

El documental, ciertamente, también es una reflexión sobre el valor de una forma de vida colectiva y comunitaria, más reflexiva y pausada. Una forma de vida que muestra más aprecio por la naturaleza, la tradición y por el prójimo, muy especialmente por la gente mayor. Una reflexión sobre otra manera de vivir.

¿Esto no es una utopía?

No, ya durante el siglo XIX y el siglo XX, en Europa, en Londres, en Berlín... varios señores se dedicaron a idear utopías. La diferencia con nuestra historia es que la huerta valenciana no es ninguna utopía sino una realidad de siglos.

+ Info

Per molt que bufe el vent en Verkami

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  • Charlly Garcia

    Charlly Garcia

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