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Publicación de mi primera novela "La fiebre del oro".
Ayuda para publicar mi primera novela; si te gusta viajar, encontrarás en La fiebre del oro "una guía de viajes con descripciones detalladas de lugares y experiencias vividas, con un hilo argumental dinámico,fluido y un trasfondo existencial". Acompaña a Alexander por su aventura en la Costa Este.
Este proyecto terminó el 12 Noviembre 2016 sin alcanzar su objetivo
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¡Proyecto seguido!
Te avisaremos a tu email de usuario/a cuando el proyecto esté en marcha, consiga el objetivo y antes de que termine la campaña para que puedas aportar si lo deseas.
¡Hola!, primero déjame presentarme, mi nombre es Anthony y estoy aquí para pedirte que seas mi mecenas con mi proyecto editorial. En los siguientes epígrafes te contaré con más detalle de qué va el libro que he escrito, ¿quién soy yo?, las ventajas de colaborar y las recompensas que podrás conseguir (además de mi enorme reconocimiento pues habrás hecho realidad un sueño que llevo ocultando ya bastantes años). Vamos, pregúntame las cosas que quieres saber que yo te las iré contestando...
Hola Anthony, empezamos...cuéntame algunas cosas del libro
Verás, escribí este invierno una novela de viajes en la que narro de una forma amena y con tintes de guía de viajes las andanzas de Alexander en su viaje a través de EEUU (con especial hincapié en California, Nevada y Arizona) y la repercusión sobre su forma de ser y su situación personal.
En primavera modifiqué varios capítulos tras las primeras críticas y revisiones hasta tener la versión actual. La obra ha sido revisada además por una correctora profesional en invierno y en verano para ofrecer garantías de calidad en el estilo en todos sus aspectos (tiempos verbales, ortografía, etc). Ahora mismo estoy en contacto con una editorial de autoedición para los temas técnicos de acabados, cantidades etc
¿Y quién es el autor?
Mi nombre es Anthony Holgado, durante los últimos 15 años he combinado mi pasión por el marketing con el deseo de viajar. A día de hoy tengo la suerte de ser marketero de profesión y contar con 25 países en mi lista (traté de conseguir 30 países con 30 años, pero me estanqué con la crisis como tantos otros en la realización de sus sueños).
Amante de la literatura y el arte, en mis viajes no me separo de mi reflex Nikon D3000 (sencilla pero para mi nivel amateur está muy bien). Ella y las cuatro cámaras anteriores me han ayudado a sumar más de 23.000 fotografías, especialmente de paisajes y monumentos.
Los años pasan y tengo varias inquietudes, una de ellas es la de crear algo de lo que esté orgulloso (dejar un legado lo llaman algunos). Aprovechando unas "vacaciones permanentes" desde hace poco más de un año, he aprovechado el tiempo y me dediqué a escribir sobre lo que conozco: LOS VIAJES y La fiebre del oro es el resultado. Espero que os guste
Vale, pero cuéntame la sinopsis de "La fiebre del oro"
Venga, voy, pero primero déjame exponer dos preguntas...
¿Qué razones motivan a un joven universitario de Granada a embarcarse en un viaje de miles de kilómetros por tierra, mar y aire?
¿Por qué realizar un viaje en solitario cruzando playas,desiertos, bosques, pueblos y ciudades durante varias semanas?
Sin duda un viaje así no deja indiferente a nadie, paisajes de gran belleza, una sensación de aislamiento con mucho tiempo para meditar y armado con una cámara de fotos, tendrá la oportunidad de pensar sobre sí mismo, el mundo que le rodea y su futuro.
Esta es la aventura de Alexander. A lo largo de 160 páginas acompañaremos a nuestro protagonista desde la planificación del viaje, la realización del mismo y su regreso; viviremos sus momentos de diversión y de soledad de forma que casi sentiremos estar allí viviendo la magia de Las Vegas o la grandiosidad del Cañón del Colorado. Si te gusta viajar, reconocerás muchos de los consejos que están en este libro; si sueñas con realizar un viaje, estoy seguro de que este libro te ayudará a planificarlo mejor.
La Fiebre del oro mezcla consejos de viaje y experiencias, todo entrelazado en un hilo argumental entretenido y apasionante.
¿A qué destinarás nuestras aportaciones?
Todo el dinero recaudado en esta campaña se va a destinar a los trabajos de maquetación, diseño, impresión, recompensas, gastos de envío, comisiones y gastos derivados de la obra.
Los datos técnicos son los siguientes:
Tamaño 15x21 cm (A5), con cubierta con solapas de 8 cm, a color brillo de 260 gramos e interior en blanco y negro con papel ahuesado de 80 gramos. Encuadernación fresada. Un total de 160 páginas.
En un primer momento se pensó en una versión con ilustraciones a color (tomadas de fotos reales y modificadas digitalmente para darles un acabado más artístico), pero el precio es notablemente más caro; así que el proyecto se va a imprimir solo con texto y si conseguimos sobrepasar la cantidad fijada, el dinero se destinará a añadir las ilustraciones que harán más visual y cercana esta obra.
Necesito tu ayuda para llevar a cabo este sueño creativo; si confías en mi y apoyas el proyecto, además de apoyarme a que esta novela vea la luz (que de otra forma lo veo muy difícil por el coste de la publicación), recibirás una novela de calidad y una serie de recompensas acordes con tu aportación, desde un marcapáginas a juego con la obra, postales, un cuaderno de notas, podrás ver tu nombre en los créditos de libro... Si quieres conocer más detalles sigue leyendo el siguiente apartado ;)
Si!, Si! Recompensas! Hazme un resumen y me las explicas con detalle
A continuación os describo con detalle las distintas recompensas que os propongo:
Recompensa Nueva York Es la opción más asequible para poder disfrutar de la obra.
Libro en formato pdf, incluye las imágenes del proyecto original (fotografías a color y retocado artístico).
Recompensa Chicago
Libro en papel con formato 15x21 y 160 páginas de aventuras y experiencias
Marcapáginas a juego con la cubierta del libro.
Recompensa San Francisco
Libro
Nombre del mecenas; se imprimirá una página especial con la lista de las personas que han hecho posible esta publicación
Recompensa Yosemite
Libro con dedicatoria; un reconocimiento personal a ti como mecenas
1 postal de una de las imágenes que originalmente van en el libro (y que espero que podamos volver a integrar)
Nombre del mecenas
Recompensa Las Vegas Aprovecha para tener tu Cuaderno de bitácora
Libro con dedicatoria
Cuaderno de notas a juego con el libro; hojas en blanco y la cubierta a juego con el libro, el número de páginas debería rondar las 100.
Versión del libro en formato digital
5 postales dedicadas, todas distintas
Nombre del mecenas
Recompensa Williams Para poder compartir la novela sin riesgos de que no te la devuelvan
2 libros dedicados
10 postales (ver nota 3)
Versión del libro en formato digital
Nombre del mecenas
Recompensa San Bernardino Pack para amigos que buscan ahorrar
3 libros dedicados
15 postales (ver nota 3)
Versión del libro en formato digital
Recompensa Los Ángeles Pack asociaciones, colectivos
10 libros
30 postales (ver nota 3)
Versión del libro en formato digital
NOTA: Todos los packs incluyen gastos de envío a península.
NOTA 2: La portada que presento es temporal hasta que se diseñe una mejor.
NOTA 3: Haré 5 postales distintas, algunos packs recibirán varias iguales en múltiplos de 5; Ejemplo 15 postales serían 3x5; 30 postales serían 6x5)
¿Y el libro para cuándo lo tendré?
La obra en cuestión ya está lista para maquetar, por lo que cuando consiga la financiación firmaría el contrato con la editorial (si ustedes conocen otra que quieran recomendar no tengo ningún compromiso con la que les he mencionado por ahora) y procederíamos a diseñar cubierta, elegir acabado y mandar imprimir, por lo que las recompensas estimo estaría en disposición de mandarlas 4-6 semanas después del final de la campaña.
¿Cómo puedo saber más y ayudarte a darte a conocer?
Puedes saber más a través de las redes sociales, solo tienes que hacer click en los siguientes enlaces:
¿Nunca te ha ocurrido despertarte una mañana con una mezcla de nervios y euforia, sabiendo que en pocas horas tu vida puede dar un giro? no acabas de saber de cuánto será, 90º, 180º o 360º, pero girará, y aunque acabes volviendo al punto de partida, no será lo mismo. No hablo de los nervios de un día de examen o del primer día de vacaciones que tanto esperas, ya seas estudiante o trabajador. Me refiero a esa sensación de que algo grande va a pasarte, lo puedes llamar presentimiento, premonición, corazonada, hay algo en el aire que te electriza la piel. Tal vez algo parecido sientan cada Navidad miles de personas cuando se acerca el gran sorteo de la lotería nacional y para algunos se cumple, pero eso ha sido fruto del azar. Cuando es algo que sólo tú sientes, te llega al interior y tienes la certeza de que para los demás no significaría lo mismo; estás antes una experiencia profundamente personal.
Y es precisamente con esa sensación de que su mundo podía cambiar, que Alexander se levantó esa mañana para dirigirse al antiguo edificio de la facultad de Derecho en la ciudad de Granada. Los programas de intercambio tienen varias finalidades y muchas de ellas dependen del enfoque que el estudiante les dé, ya sea conocer un nuevo país, pasar innumerables noches en blanco -no precisamente estudiando-, aprobar el mayor número posible de asignaturas y configurarse un mejor cv, pero menos son los que buscan cambiar algo en su vida.
A casi todos nos ha pasado alguna vez sentirnos agobiados, estresados por los problemas cotidianos, buscamos poder cruzar una puerta mágica detrás de la cual ese peso que nos oprime la mente y el corazón no tenga cabida, desaparezca, se volatilice y nos podamos permitir el lujo de sentirnos libres, sonrientes y felices. Alexander necesitaba encontrar su puerta mágica pero no sabía dónde ni cómo hacerlo. Lo que también desconocía es que, la mayor parte de las veces, cuando anhelas un cambio y te esfuerzas en provocarlo… acaba sucediendo.
Y sí, se había esforzado en provocarlo, al menos lo suficiente como para tener el privilegio de sentarse en el aula como candidato a una de las plazas que la Universidad destina cada año en su intercambio con universidades norteamericanas. ¿Por qué buscaba una universidad norteamericana?, podrías preguntar. Y con toda la razón, pues la mayoría de los estudiantes buscan en Europa su trimestre o su curso completo, de experiencias, aventuras, amores, fiestas y estudios. Pero a Alexander lo mueve un espíritu tal vez más aventurero y en esta ocasión, además, una razón totalmente distinta.
Si quisieras escapar o huir, ¿te esconderías en la casa de al lado? ¿O incluso en el pueblo de al lado?, tal vez pensarás que cuanto más lejos, más fácil será olvidar porque deseaste irte. Europa no fue la elegida, no porque no pusiera a su alcance las mejores universidades o las más antiguas, la posibilidad de perfeccionar los idiomas que ya conocía… Sino porque sentía que no estaría lo suficientemente lejos de su vida, de sus problemas… además del recuerdo de Cristina, que volvía a su mente muy a menudo y que le provocaba un nudo en el estómago cada vez.
El proceso de selección era sencillo, el centenar largo de candidatos se ordenaban en un ranking de notas. La lista de universidades de destino y el número de plazas se conocían con antelación y a medida que se nombraban los interesados, éstos decían su destino elegido, de manera que cuando estas se agotaban, se podía pasar a la reserva de esa universidad o un puesto de otra. Así fue como una tras otra, las plazas se fueron ocupando, primero las universidades de mayor prestigio, después otras menos conocidas, luego las que estaban en lugares menos atractivos, ¿entre ir a una universidad en California y otra en Iowa? Para un español medio hay diferencia, la primera sale mucho más en las series y en las películas. Hacía más de una hora que uno tras otro se decían nombres de universidades, las dirigentes responsables de organizar el sorteo tachaban la plaza ocupada y mostraban en pantalla las vacantes que iban quedando al público que abarrotaba el aula. Durante más de 60 largos minutos, Alexander tuvo toda su atención en sólo siete círculos blancos de la pantalla. El número de plazas que la Universidad Laval de Quebec ofrecía para el intercambio.
Quebec, esa región francófona de la zona este de Canadá, un país tan frío como calurosos son sus ciudadanos. Tal vez el hecho de hablar francés con un notable buen nivel, hubiera provocado que Alexander se decantara por este destino. Si pensamos en los países de habla francesa en Europa encontramos obviamente a Francia, alguna zona de Suiza y la región sur de Bélgica. Los tres países en el lado oeste del continente, al igual que España, sí, definitivamente ninguno lo bastante alejado de su país natal.
Fue con ese sentimiento de nervios y euforia que Alexander se levantó ese día en su pequeño piso compartido, caminó en una fresca mañana de finales de invierno a través de las zonas de Fuentenueva y Gran Capitan, giró a la derecha en la calle de San Jerónimo y llegó ante la imponente fachada barroca del siglo XVIII tan característica de la facultad a la que nunca asistió como alumno, pero a la que ya había entrado varias veces. Cuanto más se acercaba el momento de oír su nombre y poder influir sobre su destino, mayor era la sensación de presión en el estómago. El calor de la sala, sobre todo por la cantidad de personas allí congregadas, provocaba un efecto de extraño adormecimiento, ayudado por la monotonía de los nombres y los destinos. De vez en cuando, alguien con mejor expediente pedía plaza en la Universidad Laval, eso provocaba en Alexander una enorme desazón, lo sacaba de su adormecimiento y apretaba más su estómago. “Unos pocos más como él y estaré fuera de la lista” se decía… “Ahora que he llegado aquí, que varias decenas han elegido, no me querría quedar fuera, aunque es lógico, si la universidad que ellos quieren ya no tiene plazas, empezarán a pedir las libres, es cuestión de tiempo y de personas. ¿Qué llegará antes? ¿Mi turno de elegir o el candidato que ocupe la séptima plaza?”.
Y a falta de tres plazas, pronunciaron su nombre. Esa sensación mezcla de orgullo, satisfacción y júbilo salió de su boca moderando una simple respuesta que llevaba mucho más tiempo esperando que ese “más de una hora”: “Universidad Laval”.
De pronto dejó de escuchar… dejó de oír… las personas a su alrededor ya no importaban, el único ruido estaba ahora en su mente; había dado el primer gran paso (y seguramente el más difícil) para embarcarse en la que esperaba fuera una gran aventura. Todo en su cabeza daba vueltas: detalles del vuelo, fechas, elección de asignaturas, condiciones climatológicas, tipo de ropa, ¿dónde vivir? Había pasado semanas reflexionando sobre las posibilidades de poder ir, se había metido en el proceso con la única finalidad de ser aceptado en ese destino, una apuesta arriesgada sin duda, la única universidad francoparlante de la lista. Durante esas semanas de espera hasta el día de la asignación preparó meticulosamente su decisión, Alexander es así, ordenado y muy organizado. Es una cualidad que le acompaña desde hace muchos años y que configura una forma de ser y de existir relativamente estresante. Es el síndrome del eterno optimizador, las cosas no pueden ser dejadas al azar, pues no confía en que vayan a salir bien. Antes de tomar una decisión importante hay que analizar la mayor cantidad posible de datos, contrastar fuentes, pedir opiniones a quienes saben. No es búsqueda de aprobación, no es miedo al fracaso, sino una corroboración de que va por buen camino. En ocasiones no había sido así: con Cristina, unos meses atrás, se había dejado ir y le había hablado de mala manera, sin pensar en las consecuencias; ahora la echaba de menos ¿Cómo no hacerlo? Tantos años y tantas cosas que habían compartido, buenas y malas… las primeras lecciones de esquí y luego de snowboard en Sierra Nevada, las escapadas de domingo a las playas de Nerja, Salobreña y Almuñecar; alguna acampada de vacaciones en Tarifa o Cabo de Gata; o dos o tres fines de semana de fiesta en Madrid visitando a los amigos de Alexander que habían ido allí a estudiar.
Pero no se trataba sólo de los viajes, la mayoría de las calles de la ciudad le recordaban a Cristina y eso le dolía enormemente, las tardes de té y crepes en Ábaco mirando la Alhambra; los tapeos en Gonzalo Gallas, calle Navas o la zona de Plaza de Toros. Cruzar los paseíllos universitarios, quedar en la plaza Bib-Rambla, Einstein, Gracia, Reyes Católicos o de los lobos; ir de compras por calle Recogidas; pasear por Acera del Darro hasta el río. Las tardes después del esquí parando en House Café mientras bajaban de la sierra, o algunas noches de verano subiendo desde Granada para las veladas a la luz de las estrellas. Fiestas interminables durante varios años, desde Meeting Point, Embrujo, Industrial Copera, Mae West, Granada 10 y muchas otras discotecas que habían conocido momentos de auge y decadencia. Obviamente no todo era bueno, también habían vivido desavenencias y discusiones, pero habían sido lo de menos y bueno, las cosas malas son las que se intenta no recordar.
Varios meses habían pasado desde aquello y éste era su momento; había navegado por internet, indagado la página web de la universidad de destino, visitado el campus a vuelo de pájaro, sabía cuándo empezaban las clases, cuánto costaría el vuelo, la distancia entre su facultad y el edificio de la residencia universitaria, el pabellón de deportes, la conexión en bus desde el aeropuerto de Montreal y la estación de Quebec, el clima, las temperaturas mínimas a lo largo del invierno que iba a pasar allí si conseguía la plaza, el tipo de visado, los documentos necesarios para conseguirlo… No dejaba nada al azar y lo resumía en una frase muy personal “Si planificando me salen mal las cosas, ¡imagina sin planificar!”.
En medio de este torbellino de pensamientos, recuerdos y emociones, la asignación terminó y se preparó para regresar a casa. Mientras salía del aula, se sentía aturdido por la lista de tareas que mentalmente empezaba a ordenar y clasificar en ese gran archivo lleno de experiencias pasadas, planes de futuro, estudios y obligaciones, sueños incumplidos y sueños por cumplir que existía en su cabeza. Al cruzar la gran puerta de madera (no ya barroca, pues hace muchos años que se renovó para dotar de seguridad las instalaciones de la facultad de Derecho), se dirigió al centro de la plaza donde se erige una estatua de Carlos V, al que se le atribuye la creación de la Universidad de Granada. A pesar del sol de mediodía que brillaba como suele ocurrir en esta ciudad del sur de España, de inviernos fríos, veranos calurosos y cambios de temperatura notables entre el día y la noche en primavera y verano; el aún aire fresco disipó esas tareas, trayéndolo a la realidad. Antes de proyectar los siguientes pasos, es necesario conseguir el visto bueno de las autoridades, por lo que se detuvo junto a la estatua y buscó en la agenda del teléfono móvil los últimos números marcados, eligió y pulsó la tecla de llamada. Unos tonos más tarde descolgaba la persona que cuando somos jóvenes suele ser la primera en enterarse de las noticias, ya sean buenas o malas, nuestra madre. La conversación no duró más de unos minutos, pues ya los miembros de la familia estaban al corriente de la posibilidad de conseguir esa plaza y por supuesto contaba con su beneplácito. Ya hacía años que se habían acostumbrado a su pasión por los viajes, en gran parte gracias a ellos, ya que numerosos habían sido los veranos en los que había tomado un avión para visitar a sus abuelos en las cercanías de París como cuando en su primer año de universidad, había anunciado sus ganas de realizar un viaje tras los exámenes de febrero; la respuesta a modo de pregunta había sido: “¿a qué país piensas ir?”. Sin duda, viajar es algo que llevaba en la piel y que gracias al apoyo familiar (emocional y financiero) podría volver a disfrutar.
Mucho más ligero, emprendió el camino a casa y el archivo mental a medio ordenar dejó paso al atropello de recuerdos, sensaciones y temor. No es lo mismo viajar una semana con amigos a Lisboa, que un mes a visitar a los abuelos a París, que nueve meses al otro lado del océano Atlántico. Esto ya no eran unas vacaciones o una escapada, esto ya es hacer vida. Había llegado a un punto en el que todavía podía echarse atrás, renunciar a la plaza y alegrar el día a alguno de los suplentes, pero sabía en lo más profundo de su ser que eso no pasaría; necesitaba escapar. Caminaba despacio deshaciendo el camino de la mañana cuando comenzó a visualizar la cantidad de veces que había pasado por estas calles cercanas a la facultad de Ciencias, donde había comenzado sus estudios unos años antes, los partidos de futbol en los bares de tapas en Gonzalo Gallas, las noches de fiesta en Pedro Antonio de Alarcón, los distintos pisos en los que había vivido -siempre alrededor del campus de Fuentenueva-, los compañeros de clase y amigos que vinieron y se fueron. Recuerdos de esquina, aquellos que no sabíamos de su existencia hasta que la melancolía los saca a relucir en el preciso instante en el que pasamos por esa misma esquina. Muchos de ellos habían sido compartidos con Cristina, ¿en cuántas calles de Granada se veía aún con ella?, ¿cuántos kilómetros de interminables paseos habían andado? Sin duda habían aprendido a amar esta ciudad y a conocer todos, o casi todos sus resquicios; pero ahora, a día de hoy toda esa complicidad, las risas y el cariño se habían transformado en recuerdos dolorosos.
¿Cuántos recuerdos puede atesorar una persona? ¿Cientos? ¿Miles? ¿Millones? Cada imagen, cada sonido, cada aroma, cada sensación se convierte en un recuerdo. A veces parece que los hubiéramos metido en una batidora y la papilla resultante, sin sentido, inconexa y carente de toda similitud con la realidad que engendró sus componentes o ingredientes, vuelve a nosotros en forma de sueños o pesadillas, personas que no coincidieron en el tiempo o en el espacio están hablando con nosotros, llegamos tarde a una cita que nunca tuvo lugar, estamos desnudos por la calle y no sabemos cómo llegamos allí, nos persigue un asesino o un monstruo, corremos con todas nuestras fuerzas, intentamos huir, saltamos agujeros, trepamos a árboles, subimos escaleras, pero a veces nos alcanza y nos clava un cuchillo, lo que nos provoca un sobresalto y despertamos.
Las pesadillas son ese extraño mecanismo de nuestro cerebro que se libera del estrés y de la sobreinformación acumulada durante el día, una vía de escape que aprovecha la nocturnidad y el despiste cuando cerramos los ojos y nos acomodamos en la almohada. A través de esa vía de escape, los pensamientos y recuerdos crecen y se deforman, se enmarañan en una enorme y compleja red donde solemos aparecer desorientados, asustados; a veces tenemos un propósito, una misión, otras simplemente intentamos escapar o algo provoca que queramos huir. En los sueños agradables no suele pasar, pero por desgracia casi siempre recordamos de una forma más nítida, más clara y perfecta la pesadilla que nos despertó en medio de la noche, ya sea la primera vez que la tenemos o la reincidencia, nos atemoriza incluso el irnos a dormir y pensar que vamos a sufrir esa angustia de nuevo. Una angustia vital que se ceba con nosotros y nos oprime el alma, no queremos dormir, no queremos tener pesadillas y cuando estamos en medio de una, queremos despertarnos, poder huir del asesino que nos persigue, gritar victoria y decir “lo conseguí, esta vez no me atrapó”. Esa era la sensación que cruzaba la mente de Alexander: el viaje y el escapar de la ciudad que lo oprimía estaban a sólo unos meses, lo había “casi” conseguido, una nueva etapa de su vida iba a empezar muy pronto. [...]
Fin del fragmento
Si te ha gustado este inicio y quieres seguir leyendo, necesito que me ayudes siendo mi mecenas en esta plataforma, hay distintas recompensas, desde recibir a cambio el libro en pdf a una edición dedicada del libro, con postales, marcapáginas a juego, etc Recibirás en tu domicilio tu recompensa unas semanas después de que esta campaña haya terminado, si salió exitosa. En caso de que no, no se te cobrará nada pero el libro no verá la luz
Buenos días Rocío, eso es un gran secreto que ahora mismo sólo 2 personas conocen, pero mi intención es que todos disfrutéis de las aventuras de Alexander, sentados comodamente en un sillón disfrutando de una buena taza de té. Gracias por tu comentario y apoyo...
Ante todo quiero agradecer a todos los que habéis confiado a mi proyecto y decidido ser mis mecenas. Lamentablemente las aportaciones no han sido suficientes por lo que no se ha logrado.
Recordaros que no se efectuarán cargos a vuestra tarjeta por lo que "estamos en paz" jeje.
Esta experiencia me ha servido para ser un poco más realista sobre el interés en torno a la novela y me hará ser más realista en el futuro. De todo se aprende y esta ha sido una valiosa lección.
¿Nunca te ha ocurrido despertarte una mañana con una mezcla de nervios y euforia, sabiendo que en pocas horas tu vida puede dar un giro? no acabas de saber de cuánto será, 90º, 180º o 360º, pero girará, y aunque acabes volviendo al punto de partida, no será lo mismo. No hablo de los nervios de un día de examen o del primer día de vacaciones que tanto esperas, ya seas estudiante o trabajador. Me refiero a esa sensación de que algo grande va a pasarte, lo puedes llamar presentimiento, premonición, corazonada, hay algo en el aire que te electriza la piel. Tal vez algo parecido sientan cada Navidad miles de personas cuando se acerca el gran sorteo de la lotería nacional y para algunos se cumple, pero eso ha sido fruto del azar. Cuando es algo que sólo tú sientes, te llega al interior y tienes la certeza de que para los demás no significaría lo mismo; estás antes una experiencia profundamente personal.
Y es precisamente con esa sensación de que su mundo
Si estás aquí es porque te gusta la lectura o porque me conoces y me quieres echar una mano en mi sueño de crear un libro y poder compartirlo.
He plasmado en 160 páginas, un viaje de muchos kilómetros, un aventurero en solitario (Alexander), reflexiones y consejos útiles para viajeros. Como ves en esta página, mi meta es llegar a los 1.700€, parece mucho, pero créeme que es para cubrir gastos de los servicios de maquetación,diseño de portada, impresión, envío de las obras, recompensas a los mecenas, comisiones de la plataforma y de los pagos electrónicos e impuestos.
Tengo 40 días para conseguir que esto funcione, si no se alcanza la meta, se cancela el proyecto y se devolverá el dinero que pagaste, pero el libro no verá la luz.
Si quieres apoyarme, hay varias opciones desde 8€ por el libro en pdf hasta los 28€ de un libro en
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